martes, abril 24, 2012

[sin argumento]

Tengo ganas de escribir. Pero parece ser que ni las teclas del ordenador, ni mi viejo amigo el bolígrafo, conducen esas ganas a algo más concreto.

Será que como no sé ni lo que pienso, se me ha olvidado cómo escribir.

Hoy es un día soleado. Estoy sentada delante de mi ventana, mirando la calle Numancia, como casi cada día. Desde hace ya bastante. Miro, calle poco transitada, y casi nada ha cambiado. Cambios menores: coches diferentes, personas diferentes. Misma observadora, en la misma mesa, de la misma calle.

No tengo nada en contra de la monotonía. Bueno, no. Mentira. No tengo nada en contra de la rutina. Tengo bastantes cosas en contra de la monotonía. Cuando pienso en esta palabra [mo.nó.to.no... incluso suena aburrida] de repente, el mundo se vuelve gris, a cámara lenta, insulsa, sin sonido, sin olor, sin vida. Algo autómatico e inconsciente. Sin ganas. Me viene a la mente, como sobrepuesta a mi calle, imágenes inventadas del libro de Welles, 1984.

__________________________

Es curioso el curso cíclico de todo en la vida. Releo borradores escritos en tiempos olvidados, y veo que me siento exactamente igual. Como si hubiera llegado otra vez al punto de inicio. Y lo que un día dejé, lo retomo hoy, en otro día soleado, observando esta misma calle, aunque con una actitud un poco diferente.

El placer de ver brotar las palabras. Tanta magia. Siendo magia la palabra clave. Con qué poca gracia vivimos la vida...

Estoy aquí sentada y pienso. Pienso, pienso y olvido todo lo que he pensado para volver a pensar. Miro, observo escribo, y borro para darle la vuelta a lo escrito. Es tan contradictorio y sinsentido lo que pienso. Y lo que siento, y sin embargo, no puedo evitarlo.

Hay días, momentos, segundos, en el que todo te abruma. Una sensación sobrecogedora. Te descoloca, te desoriente. Ya no sabes ni quién eres, ni qué haces, ni hacia donde vas. Y no paras de hacerte preguntas. Preguntas que no tienen respuesta, porque, como escuché anoche, estás haciendo las preguntas equivocadas. Lo que te deje aún más desamparado, con la eterna duda de qué es lo que tienes que preguntar para recibir una esa respuesta que encaje exactamente en este momento de tu vida.


Y es todo mucho más simple, y más complicado a la vez. Porque tanto la pregunta, como la respuesta... están aquí. Muy dentro de ti. Y lo sabes.

Lo sabes pero.. ¿te atreves?

No hay comentarios:

Publicar un comentario