lunes, abril 30, 2012

Pulseras y collares

Cuando alguien te mira, miles de pensamientos atraviesan su mente en un instante. Un instante del cual ni siquiera es consciente. Apenas le da tiempo a manifestar este centenar de recuerdos, asociaciones, gustos, preferencias, cultura, enseñanzas y novedades como un acto instintivo y radical: el momento de la primera impresión, de catalogar a alguien. 

Prejuicios. Tan divertidos, variados y curiosos. Sinceramente, y no os voy a engañar, me encantan. Aprendes tanto de una persona, sabiendo qué opina al ver a otras. Puedes saber cómo son sus padres, su entorno, sus gustos. Cómo ha crecido y qué le han enseñado. A qué le da más o menos preferencia. Qué cree importante. 

No quiero que se me malinterprete cuando digo que soy amante de los prejuicios. Lo soy desde un punto de vista puramente analista y sociológico, como un entretenimiento como podría ser ver pasarelas, sólo que en este caso, los modelos son abtracciones en ideas. La cuestión es que me gustan, pero no me dejo guiar por ellos. Así como es innegable nuestra disposición a leer de forma subjetiva a las personas desde el momento en que la vemos, tenemos que estar dispuestos, de la misma forma, a romper con esa imagen. A abrirnos de mente, aceptar que cada personas es un mundo, y que las apariencias engañan, siempre. 

Yo, mis pulseras, mis collares y mis colores chillones. Mi caos en el bolso, mi mochila verde, mi cámara de fotos. Mis anillos, mis piercings, mis rulos libres al viento. Uñas de colores despintados, sonrisa rápida y toda la mejor onda. Puedo sacar de debajo de mi brazo tanto un libro, como una libreta, como un termo. A veces fumo, a veces bebo, a veces río. Rectifico, siempre río. Sólo que a veces de alegría, y otras.. bueno, quizás un poco menos de alegría. Pura contradicción, veo las cosas desde todos los puntos de vista posible. Al menos, lo intento. Es básicamente lo único que se me quedó de las ciencias: la relatividad de Einstein. Como he dicho, las apariencias engañan, y la luna tiene un lado oculto. 

Pero sobre todo, mis pulseras. Mis pulseras, mis collares y yo. O mejor dicho, esas pulseras, eso collares, que forman ese yo. Parte de mi personalidad. Pulseras que cuando las ven, piensan miles de cosas. Dejé de interesarme: cada uno me verá como quiera, pocos como realmente soy. Y la verdad, no importa. No se trata de agradar a todos, ni siquiera de agradar a pocos. El gustarte a ti misma, hará que a otros les gustes. 
De brillar, de ser luz. Tu propia luz.Y que brille lo máximo posible, de la forma más positiva y pura, para poder alcanzar a mucha gente. 

Y ya, tirando hacia delante. Que aún quedan más historias que contar en pulseras regaladas. 






miércoles, abril 25, 2012

El mundo al revés.

Dicen. Siempre dicen, y  nadie en realidad para a escuchar lo que dice. En fin. Dicen: regalad abrazos y besos, que son gratis. GRATIS. 

Esta palabra. Esta palabra que será la perdición del mundo, por muy bonita que suene. 

¿Qué asociaciamos con gratis? ¿O mejor dicho, qué no asociaciamos con gratis?

Algo "no gratis" vendría a ser algo que cuesta, algo con un precio. Pero aquí entraríamos en un bucle sin fin, en el que pregunto.. ¿Costar qué? Y ¿qué precio?

En un mundo donde no existe otra dimensión que la material, y la ley de vida es compra, compra y vuelve a comprar.. Obviamente, este coste se convierte, automáticamente, en un precio en metálico por una cantidad [in]definida de dinero. Así que un abrazo es, igual que un beso, gratis. Porque obviamente (o no tan obviamente) nadie te cobra ni un duro por un beso y un abrazo. 

Y sin embargo. Sin embargo. (Definitivamente, cuánto me gusta esta conjunción).

Das un abrazo. Un beso. Lo que cuesta. Cuesta acordarse, cuesta apreciarlo, cuesta pensarlo, cuesta querer hacerlo. Pero sobre todo, cuesta hacerlo. Gente que predica que es gratis, y a pesar de ello, es incapaz de dar más que besos de compromiso. 

Y lo que ganas. Otro verbo de la relación que tenemos con el consumismo. Si no gano, no ha servido de nada. No sólo gana el que recibe el beso. Ganas. Ganas alegría, ganas amor, ganas ilusión. Ganas la certeza de haber hecho feliz a alguien. Ganas felicidad. 

Precios al por mayor. Así que regala, regala besos. Que es verdad que tienen coste, pero no afectarán a tu bolsillo. Puedes quedarte tranquilo. Disfruta. Disfruta de lo que el mundo material no puede ofrecerte.


Los besos y abrazos son todo menos gratis. De hecho, a veces, cuestan tan caros...









martes, abril 24, 2012

[sin argumento]

Tengo ganas de escribir. Pero parece ser que ni las teclas del ordenador, ni mi viejo amigo el bolígrafo, conducen esas ganas a algo más concreto.

Será que como no sé ni lo que pienso, se me ha olvidado cómo escribir.

Hoy es un día soleado. Estoy sentada delante de mi ventana, mirando la calle Numancia, como casi cada día. Desde hace ya bastante. Miro, calle poco transitada, y casi nada ha cambiado. Cambios menores: coches diferentes, personas diferentes. Misma observadora, en la misma mesa, de la misma calle.

No tengo nada en contra de la monotonía. Bueno, no. Mentira. No tengo nada en contra de la rutina. Tengo bastantes cosas en contra de la monotonía. Cuando pienso en esta palabra [mo.nó.to.no... incluso suena aburrida] de repente, el mundo se vuelve gris, a cámara lenta, insulsa, sin sonido, sin olor, sin vida. Algo autómatico e inconsciente. Sin ganas. Me viene a la mente, como sobrepuesta a mi calle, imágenes inventadas del libro de Welles, 1984.

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Es curioso el curso cíclico de todo en la vida. Releo borradores escritos en tiempos olvidados, y veo que me siento exactamente igual. Como si hubiera llegado otra vez al punto de inicio. Y lo que un día dejé, lo retomo hoy, en otro día soleado, observando esta misma calle, aunque con una actitud un poco diferente.

El placer de ver brotar las palabras. Tanta magia. Siendo magia la palabra clave. Con qué poca gracia vivimos la vida...

Estoy aquí sentada y pienso. Pienso, pienso y olvido todo lo que he pensado para volver a pensar. Miro, observo escribo, y borro para darle la vuelta a lo escrito. Es tan contradictorio y sinsentido lo que pienso. Y lo que siento, y sin embargo, no puedo evitarlo.

Hay días, momentos, segundos, en el que todo te abruma. Una sensación sobrecogedora. Te descoloca, te desoriente. Ya no sabes ni quién eres, ni qué haces, ni hacia donde vas. Y no paras de hacerte preguntas. Preguntas que no tienen respuesta, porque, como escuché anoche, estás haciendo las preguntas equivocadas. Lo que te deje aún más desamparado, con la eterna duda de qué es lo que tienes que preguntar para recibir una esa respuesta que encaje exactamente en este momento de tu vida.


Y es todo mucho más simple, y más complicado a la vez. Porque tanto la pregunta, como la respuesta... están aquí. Muy dentro de ti. Y lo sabes.

Lo sabes pero.. ¿te atreves?

lunes, abril 23, 2012

Todo es tan..

INTENSO.

¿Qué está pasando? ¿De dónde sale toda esta energía?

Tú. Sí, tú. Despierta. ¿No lo ves? Ya es de día..


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St. Jordi. Curioso, intenso. Gracioso, incluso. Un día envuelto en letras. Libros, autores, ilusiones, sueños e historias. Millones de historias, contadas, sin contar, por contar... o que quedaran siempre ocultas en las calles grises de Barcelona (¿he dicho grises? Vaya, qué error. No creo que las calles de Barcelona sean grises...)

Primer capítulo. Y vuelve a mí. Toda esa magia, toda esa intensidad. El eco de ese grito intenso que sale de mi interior, que guía mi mano a la hora de escribir. Si mi cerebro frenara un poco, para darle tiempo a la realidad, de adaptarse a la ficción.

Nos queda tanto por aprender aún. Y no hacemos más que ir recibiendo llaves que abren pequeñas puerta -o quizás más bien ventanas, que van dejando entrar, lentamente, luz en tu interior. Y a veces (como ahora) es tan intensa la luz, tan intensa, que no sabes filtrarla, no sabes afrontarla, no sabes mirarla. Y tienes que ponerte gafas de sol, y incluso rebotar esa luz, para poder ir adaptando tus ojos.

Recurro a las palabras, para ver si una vez escritas, consigo entenderlas, porque en mi mente no son más que un huracán de ideas y sentimientos inconexos. Quizás, sin que me de cuenta, consiga escribir algo que cuando lo relea, signifique algo más que palabras vacías. Al menos, para mí.

Creo que sólo yo estoy entendiendo el sentido de esta entrada, y ni siquiera estoy segura de entenderlo.



Normalmente -no es el caso de la princesa que rescató St.Jordi, la verdad- el príncipe salva a una princesa capturada. Capturada. Siempre me he preguntado hasta qué punto es simbólica esa captura. Después de estar bajo un hechizo, bajo un encantamiento.. atrapada en una torre, exiliada, prisionera.. la cuestión, es que el principe la libera de unas ataduras. La deja libre (o la captura él, dependiendo de la historia, y cómo quieras verla).

Yo creo que le concede la libertad, pero por miedo... puro miedo, ella decide quedarse con él. Al fin y al cabo, está agradecida, el principe es guapo, la quiere, tiene un castillo, un reino, y la trata bien. Así que teniendo la libertad al alcance de su mano, decide quedarse.

Después de una vida a oscuras... ¿Alguien le ha explicado qué es la luz?




jueves, abril 19, 2012

¿Alguna vez...

... te has dado cuenta de lo mucho que se parecen el reirse y el llorar?


jueves, abril 12, 2012

Diferentes realidades.

[...]
Y cuando regresaron los demás se sintió tan fuera de lugar que en el viaje de vuelta desertó al llegar a las Islas Solitarias y se marchó a vivir a Calormen, donde contó historias fantásticas sobre sus aventuras en el Fin del Mundo, hasta que al final llegó a creérselas él mismo. De modo que uno podría decir que vivió feliz desde entonces, [...]

Capítulo 14: El Principio del Fin del Mundo.
La Travesía del Viajero del Alba; Las Crónicas de Narnia.



Provoca sentimientos tan contradictorios este escrito. Gente que diga: es de cobardes vivir entre mentiras. Hay que afrontar la realidad, aunque no sea perfecta. Otras que contraatacarán: ¿para qué? Si no sirve de nada, y no te hará más feliz ¿para qué romper la ilusión? ¿Acaso una vida construida sobre mentiras, es una vida falsa?

¿Qué es falso? ¿Y qué es realidad?

Todos hemos tenido al típico pesado de clase. Ese que deja de ser gracioso para ser molesto. Interrumpe, dice tonterías, se hace el gracioso.. sin ese toque de bonachón que le salvaría de represalias. Así que te quedas mirándole, preguntandote por qué se comporta como lo hace. Y no puedes evitar pensarlo, y lo dices: Qué chico más tonto...
"No es tan tonto, tía. En realidad es un chicos super inteligente. Lo que pasa es que hace un poco el idiota".


"Tonto es el que hace tonterías", dice Forrest Gump. Una persona inteligente, que actúa siempre como un tonto... ¿Acaso no se convierte en un tonto? ¿De qué sirve ser consciente de tener esa inteligencia, si no la aplicas? O mejor, rectifico. Claro que sirve. Sirve para tener la elección. Sirve para poder decir: Yo soy listo, pero elijo ser tonto. Pero una vez eliges ser tonto (aunque siempre haya vuelta atrás) esa se convierte en tu realidad.

Podemos decir, pues, que uno elige su propia realidad. Actúa como lo que quieres ser, y lo serás. Eres lo que haces. Y si eliges ser infeliz, es una opción propia. La felicidad está al alcance de tu mano, de la de todos. Independientemente de factores externos. Así que atrévete. Prueba, quién sabe. Quizás te sorprendas.


Olvida tus miedos, sobre todo al miedo de ser feliz. Sé y haz lo que quieres, y piensa que la felicidad, no es un sueño remoto imposible de conseguir. Ni siquiera requiere un esfuerzo.

Es una elección. Sé feliz. Sin más. Y no hará falta nada más que eso.


Es cosa tuya.





miércoles, abril 11, 2012

Hay peores cárceles que las palabras.

Me suele pasar a menudo, que al hablar de un tema -cualquiera- pasa a ser recurrente durante un pequeño período de tiempo. Algunos pensarán en la percepción selectiva, pero va más allá. Pareciera que el universo conspirara para decirme algo, y no parara de enviarme la misma información, una y otra vez.

Desde hace el tiempo suficiente me ronda por la cabeza una.. alarma, y hoy ha salido a la luz, no una vez, si no dos. Y ya no quiero seguir ignorando las señales, y quiero escribir una entrada muy metalingüística.

Soy fan de las pasiones. Observa a una persona hacer aquello que le apasiona, y le conocerás realmente. Es fascinante, ver la energía que transmite alguien que actúa con la fuerza del fuego. Fuego. Será que siendo signo de este elemento, me atrae tanto.

Existe la típica pregunta -de esas absurdas, que no tienen ni fundamento ni finalidad- que reza: ¿Con cuál de los sentidos no podrías vivir? Vista desde fuera, es una pregunta complicada. Una de cinco. Cinco necesidades, cinco funciones. ¿De qué dedo prescindirías?

Nunca he tenido duda sobre esta pregunta. Superaría perder cualquiera de los sentidos... menos la vista. No creo que pudiera seguir adelante si dejara de ver. Me he preguntado si realmente soy una persona tan superficial. No negaremos que la vista se asocia con belleza y ésta, con lo malo. Belleza, frívolo, apariencia, engaño. Inconscientemente -o no tanto-, existe esta asociación. Es por ese motivo que me pregunto si soy superficial al elegir el sentido que más nos engaña.

Y sin embargo.

Retomando las pasiones (y aquí es donde quería llegar, perdón por la tardanza), quisiera señalar mis dos mayores pasiones -dejando a un lado mi amor por las personas y las telarañas que se tejen entre sí, remolino de sentimientos contradictorios y fascinantes. Decía, mis dos mayores pasiones son mi cámara y las palabras. O mejor dicho, la imagen que captura el aparato, y las palabras escritas con tinta.

Así que asociemos ideas. Me gustan las pasiones, especialmente las mías. Observar el ángulo perfecto de un momento adecuado. Observar. Y adentrarme de lleno en las aventuras que las palabras tienen para contar. Palabras. Y queriendo o sin querer, estas palabras deben ser leídas para que cobren vida.

Yo misma llego a la conclusión que no tienen nada que ver con la superficialidad el hecho de no poder prescindir de la vista. ¿Cómo hacerlo, sin prescindir de mis dos pasiones? Y sin pasión, podría perfectamente no haber vida.

[...]

Quisiera, antes de terminar, subrayar algunos aspectos. Entre estos dos hobbies, hay uno al que le tengo más cariño.

Las palabras se las lleva el viento, y a pesar de eso, no sé que haría sin ellas. Ese sentimiento tantas veces descrito por personas más apasionadas y con más dominio de la pluma -para ser más poéticos. El sonido de una hoja llena de tinta, parecido a un susurro que lleno de vida, te pide que la hagas suya. El olor a papel. Sin más, sin necesidad de ser decorado. El simple olor a papel, a libro. El tacto rugoso, casi dañino, que clama delicadeza. El sabor de boca que deja una obra maestra, o simplemente, un libro que ha sido maestro.

Y la visión. La visión sin la cual nada de esto es posible. La magia más espectacular, creadora de vida. La que convierte las palabras en acciones.

Compañera desde siempre, y para siempre. Palabras. Hirientes, amigas, amorosas, odiosas. Superficiales, profundas. Siempre escritas. A fuego vivo.

Y de la misma forma en las que ellas me dejan forjarlas a mi gusto, usarlas, manipularlas, embellecerlas... yo me dejo caer en sus redes. Me dejo atrapar por el poder que ejercen sobre mí, sobre todos.


El poder de las palabras. Palabras directas, o ignoradas. Perdidas para siempre entre líneas.









Fue, y fue perfecto.

Es curioso lo que aprende uno, cuando empieza a escuchar[se]. Al fin y al cabo, las respuestas están en ti, aunque se reflejen a tu alrededor.

Gracias.