miércoles, abril 11, 2012

Hay peores cárceles que las palabras.

Me suele pasar a menudo, que al hablar de un tema -cualquiera- pasa a ser recurrente durante un pequeño período de tiempo. Algunos pensarán en la percepción selectiva, pero va más allá. Pareciera que el universo conspirara para decirme algo, y no parara de enviarme la misma información, una y otra vez.

Desde hace el tiempo suficiente me ronda por la cabeza una.. alarma, y hoy ha salido a la luz, no una vez, si no dos. Y ya no quiero seguir ignorando las señales, y quiero escribir una entrada muy metalingüística.

Soy fan de las pasiones. Observa a una persona hacer aquello que le apasiona, y le conocerás realmente. Es fascinante, ver la energía que transmite alguien que actúa con la fuerza del fuego. Fuego. Será que siendo signo de este elemento, me atrae tanto.

Existe la típica pregunta -de esas absurdas, que no tienen ni fundamento ni finalidad- que reza: ¿Con cuál de los sentidos no podrías vivir? Vista desde fuera, es una pregunta complicada. Una de cinco. Cinco necesidades, cinco funciones. ¿De qué dedo prescindirías?

Nunca he tenido duda sobre esta pregunta. Superaría perder cualquiera de los sentidos... menos la vista. No creo que pudiera seguir adelante si dejara de ver. Me he preguntado si realmente soy una persona tan superficial. No negaremos que la vista se asocia con belleza y ésta, con lo malo. Belleza, frívolo, apariencia, engaño. Inconscientemente -o no tanto-, existe esta asociación. Es por ese motivo que me pregunto si soy superficial al elegir el sentido que más nos engaña.

Y sin embargo.

Retomando las pasiones (y aquí es donde quería llegar, perdón por la tardanza), quisiera señalar mis dos mayores pasiones -dejando a un lado mi amor por las personas y las telarañas que se tejen entre sí, remolino de sentimientos contradictorios y fascinantes. Decía, mis dos mayores pasiones son mi cámara y las palabras. O mejor dicho, la imagen que captura el aparato, y las palabras escritas con tinta.

Así que asociemos ideas. Me gustan las pasiones, especialmente las mías. Observar el ángulo perfecto de un momento adecuado. Observar. Y adentrarme de lleno en las aventuras que las palabras tienen para contar. Palabras. Y queriendo o sin querer, estas palabras deben ser leídas para que cobren vida.

Yo misma llego a la conclusión que no tienen nada que ver con la superficialidad el hecho de no poder prescindir de la vista. ¿Cómo hacerlo, sin prescindir de mis dos pasiones? Y sin pasión, podría perfectamente no haber vida.

[...]

Quisiera, antes de terminar, subrayar algunos aspectos. Entre estos dos hobbies, hay uno al que le tengo más cariño.

Las palabras se las lleva el viento, y a pesar de eso, no sé que haría sin ellas. Ese sentimiento tantas veces descrito por personas más apasionadas y con más dominio de la pluma -para ser más poéticos. El sonido de una hoja llena de tinta, parecido a un susurro que lleno de vida, te pide que la hagas suya. El olor a papel. Sin más, sin necesidad de ser decorado. El simple olor a papel, a libro. El tacto rugoso, casi dañino, que clama delicadeza. El sabor de boca que deja una obra maestra, o simplemente, un libro que ha sido maestro.

Y la visión. La visión sin la cual nada de esto es posible. La magia más espectacular, creadora de vida. La que convierte las palabras en acciones.

Compañera desde siempre, y para siempre. Palabras. Hirientes, amigas, amorosas, odiosas. Superficiales, profundas. Siempre escritas. A fuego vivo.

Y de la misma forma en las que ellas me dejan forjarlas a mi gusto, usarlas, manipularlas, embellecerlas... yo me dejo caer en sus redes. Me dejo atrapar por el poder que ejercen sobre mí, sobre todos.


El poder de las palabras. Palabras directas, o ignoradas. Perdidas para siempre entre líneas.









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