Lo entiendes todo. Aquello que te ha estado carcomiendo durante semanas, esa astilla que no te dejaba descansar. Y era tan simple, tan básico, tan tonto. Un detalle, una minucia, una tontería. Y lo que estaba, deja de estar, y todo vuelve a fluir. Felizmente.
Oye, pues qué descanso, la verdad.
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