viernes, diciembre 14, 2012

Y de repente...

Lo entiendes todo. Aquello que te ha estado carcomiendo durante semanas, esa astilla que no te dejaba descansar. Y era tan simple, tan básico, tan tonto. Un detalle, una minucia, una tontería. Y lo que estaba, deja de estar, y todo vuelve a fluir. Felizmente.

Oye, pues qué descanso, la verdad. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario