Hola. [...] Sí, soy georgiana. Nací y crecí en Barcelona, pero no tengo el pasaporte aún. Aún.
Puro trámite. Papeles que cierran y abren fronteras, disminuyen costes, amplían horizontes. Por un papel.
¿De dónde soy? Sangre georgiana, cultura catalana, filosofía latinamericana e historia europea. Entre otras cualidades. ¿Quién tiene derecho a decirme de dónde soy? Lo decido yo. Yo, y por lo visto, un papel. Un papel, que de un día para otro... cambia.
Defienden nacionalismos, y sin embargo, me hacen renunciar al mío. Deja de ser una cosa, para ser otra. ¿A qué precio? Gente habrá que no lo haría. A mí, no me importa. No me importa porque no dejo de ser nada porque lo diga un papel. Nací en Barcelona, y sigo hablando el idioma de mi pueblo. Corre sangre georgiana por mis venas, y estoy orgullosa de mi cultura. Amante de Barcelona como las haya, sé de dónde vengo.. para saber a dónde voy. Y no olvidarlo nunca, para poder conocerme.
Parece confuso, pero no lo es. Mañana dejo de ser georgiana para ser española. Técnicamente. Mañana seguirá corriendo la misma sangre por mis mismas venas, y seguiré habiendo nacido en Barcelona. Así que seguiré siendo una georgiana barcelonesa, o una barcelonesa georgiana. Tal y como prefiera la gente.
Mientras tanto, yo sigo informando que soy ciudadana del mundo. De esta forma, no cierro fronteras a un mundo lleno de personas maravillosas por conocer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario